Allí donde me enganché a un concepto

Escucho a mi madre de fondo:  “Nada, esta, que se va a la India unas semanas con una ONG”.
Rectifico desde la otra punta de casa: – “Mamá, que no es una ONG. Que es una empresa social”.
– “Bueno hija, yo qué sé, pues lo que sea”.

En realidad yo tampoco lo tenía muy claro. Para mí “empresa social” era un concepto un tanto abstracto y aún por determinar. Pero… sonaba bien.

 

 Ni una cosa ni la otra

 

Aquella mañana la pasamos en un autobús camino de Delhi y procedente de una aldea de Jaipur. Las cinco horas y pico de trayecto se estiraron tanto que hubo tiempo para un par de siestas interrumpidas por la locura del tráfico indio y para alguna que otra conversación. Aproveché para preguntarle a Anna, fundadora de Open Eyes Projectsobre el funcionamiento de la empresa. Cómo se financia, qué la distingue a efectos prácticos de una empresa al uso, por qué una empresa social y no una ONG y, sobre todo, qué es eso tan fuerte que mueve a una española a dejar su trabajo en Barcelona y empezar desde cero y en otro país.
 “No puedes depender de subvenciones si quieres que tu proyecto sea sostenible”, explicaba Anna, contraria a que los proyectos sociales se fundamenten en la filantropía. “Tienes que buscar diferentes fuentes de financiación. Así, si una de ella falla, te aseguras de que el proyecto va a seguir adelante y de que por tanto tú puedes continuar con tu objetivo social”.
Anna me lo contaba con tal convicción que era imposible no contagiarse con su entusiasmo. Y yo, mientras, trataba de poner en orden todas esas ideas nuevas que me empezaban a seducir.
¿Entonces la empresa social es un híbrido entre la compañía tradicional y las ONG? Sí, algo así como una tercera alternativa que toma de la empresa el modelo económico y de la ONG el fin social. La idea es que la empresa sea rentable económicamente, “pero eso no significa que el lucro sea lo único que se persigue. Eso no es lo primero”, puntualizaba Anna. Se gana dinero precisamente para emprender y mantener una labor que mejorará la sociedad y, en muchos casos, a los colectivos menos favorecidos de la misma. 
Tampoco vale hacerlo de cualquier manera: la empresa social persigue obtener ingresos, pero no consiente alcanzarlos de cualquier manera. Solo respondiendo a un compromiso ético. El empresario social se responsabiliza, entre otras cosas, del impacto medioambiental que su actividad genera y de las condiciones laborales de cada una de las personas que interviene en su producción. “Pero claro, eso exige más tiempo”, reflexionaba Anna. “Y lo fácil es ganar dinero rápido, lo difícil es ganarlo bien”.
Aunque ella no lo sepa, entre bache volador y bache volador de aquel agitado trayecto, algo en mi cabeza hizo clic. La idea me pareció tan sostenible como solidaria, tan solidaria como cabal. 
Cuatro proyectos en la India
 

Si quería contarlo antes tenía que conocerlo. Así que estos fueron los proyectos que conocí:

  • Viajes de turismo responsable. Para aquellos que quieren conocer la India en grupo pero de una forma alternativa y responsable, Open Eyes Project organiza tours para visitar las ciudades más importantes del país sin renunciar al contacto con la cultura local. Cuando estuve allí coincidí con uno de los grupos de viajeros, así que compartí con ellos parte de su viaje y la inmersión en el concepto de Turismo Responsable que define a Open Eyes.
  • Moda ética en una aldea de Jaipur. A partir del algodón que obtienen de reciclar saris (traje tradicional de la India), 16 mujeres cosen artesanalmente pañuelos en una aldea de Jaipur. Visitamos dicha aldea y Geeta, la coordinadora de las 16 mujeres, nos enseñó la técnica de bordado que utilizaban y el resultado de su trabajo, el cual comercializan a cambio de un salario digno.
  • Vatsalya. Open Eyes colabora con un centro de acogida que da cobijo a más de 60 niños en Jaipur. Los viajeros pasan dos noches allí para apoyarles económicamente y compartir algunas actividades.  
  • Vocational Training in Tourism for Youth. En agosto comenzaron un proyecto de formación en Turismo para jóvenes de entre 18 y 25 años que habían tenido que interrumpir sus estudios y que ahora encontraban más complicado encontrar un empleo. Se les enseñaron unas nociones teóricas y después se les ayudó a acceder a prácticas profesionales. Presencié algunas de las clases teóricas…. y mucha, mucha motivación.
De todo observé, fotografié y pregunté. Se pasó volando y ahora ya estamos en la segunda fase: la de contarlo.
“La economía convencional se basaba en la avaricia”, sostuvo una vez Muhammad Yunus.
Y en la India, muy cerca de su tierra, yo me guardé el argumento financiero en la manga. Ahora lo llevo siempre encima. Sé que lo voy a necesitar para mostrárselo al primero que me reproche utopía o me acuse de ingenuidad.
María de la Cruz
No hay comentarios

Publica un comentario

¿Te apuntas a cambiar el mundo?
Únete a la comunidad del impacto positivo

Haz clic aquí para mostrar la cláusula LOPD

De acuerdo con L.O. 15/99 de 13 de dic. y Ley 34/2002 de 11 de julio de LSSI, se informa que los datos correspondientes a nombre y mail que nos facilitas para suscribirte a nuestro boletín formarán parte de un fichero de datos denominado COMUNIDAD SOCIAL NEST e inscrito en la Agencia Española de Protección de Datos. El titular del fichero es FUNDACIÓN SOCIAL NEST con CIF G-98748510, y tiene la finalidad remitiros información de interés relacionada con los servicios prestados, con nuestra actividad o con la de nuestras entidades asociadas a nuestra fundación, o bien con los proyectos desarrollados por los emprendedores sociales a los que apoyamos. No se cederán estos datos a otras entidades sin tu previo y expreso consentimiento, salvo por imperativo legal o para cumplir los fines que originaron la comunicación de datos. Puedes ejercer tus derechos de acceso, cancelación, rectificación y oposición mediante comunicación motivada a la siguiente dirección lopd@socialnest.org